Unidades, decenas, centenas…

Cuántas veces habremos explicado a nuestros alumnos eso de las unidades, decenas, centenas, etc. No obstante queda un poco abstracto decirles que 10 unidades son una decena y que 10 decenas son una centena. A nosotros nos queda claro, pero ellos necesitan verlo, e incluso tocarlo. Bien, pensando en esto, escribí esta historia. Como este año estoy trabajando con un tercero, solo llega hasta la decena de millar, pero creo que bastará para que ellos se hagan a la idea.

La historia tiene dos partes, la primera trabaja hasta la centena, y la segunda hasta la decena de millar. En ellas hago referencias al uso de la pizarra, aunque lo ideal hubiera sido haber tenido dotes de dibujante y animador, para darle a la historia un toque gráfico. Si alguien se anima a dar forma a la historia le agradecería que me mandara el resultado a comentariosambigu@gmail.com. Lo publicaré en este blog junto con el nombre del autor de los gráficos.

Primera historia:

EN EL PAÍS DEL 10

En el país del 10, solo había 3 ciudades. En la ciudad de los solitarios, vivían las Unidades, unos cubitos que caminaban siempre solos [Dibujarlo en la pizarra, poner su nombre y explicarles lo que es un cubo].

Caminaban de un lugar para otro, un poco tristes. Hablaban con otras unidades pero por poco tiempo. Jamás formaban parejas o tríos.

Un día, una de las Unidades un poco aburrida, se fue de viaje a la ciudad de las torres. Nunca había estado allí y tampoco sabía el por qué de su nombre.

Se puso a caminar, y al cabo de 4 horas llegó a la ciudad. Su impresión fue tremenda cuando descubrió que, quienes allí habitaban eran unas gigantescas torres [Dibujarlas en la pizarra como Decenas].

La Unidad quiso hablar con una de ellas y le preguntó su nombre, pero no le respondió porque era tan alta y la Unidad tan bajita, que no le podía oír.

La Unidad gritaba y gritaba, pero la torre ni se enteraba. Por fin, a la Unidad se le ocurrió una idea, darle un buen puntapié; así que, se acercó y le dio un buen puntapié. Entonces la gran torre se agachó y le dijo -¿por qué me has pegado, yo no te hecho nada?-. La Unidad le respondió, -es que quería saber tu nombre pero no me oías, y mira que he gritado-. La torre le respondió, -soy una Decena, aquí todas somos Decenas- [Poner el nombre de Decena debajo de la torre dibujada en la pizarra]. La Unidad le dijo, -muy bien, yo soy una Unidad, encantado de conocerte. Oye, ¿ y por qué sois más altas, habéis bebido mucha leche o qué?-. La Decena le dijo –no, no, no; no tiene que ver nada con la alimentación. Verás, al principio éramos unidades como tú, pero un día decidimos juntarnos, pero claro, como según las leyes de este país, para poder juntarse hacen falta diez, tuvimos que buscar 10 Unidades, y convencerlas para que nos juntáramos. Conseguido esto, nos subimos unas encima de las otras y nos convertimos en Decenas y fundamos la ciudad de las torres.-

La Unidad sonrió porque lo había comprendido, entonces dijo –de modo, que si me voy a mi ciudad y hablo con otras 9 Unidades, ¿podemos formar una Decena tan alta como tú?- La Decena le respondió –efectivamente- .

La Unidad, loca de contenta, se despidió de la Decena, y con paso alegre se encaminó hacia su ciudad. Cuando llegó allí, llamó a todas las Unidades y les explicó lo que había visto, y les dijo que ellas podrían hacer lo mismo. Pero, a las Unidades eso de juntarse no les gustaba, por eso, la mayoría se fueron para sus casas. Sin embargo, quedaron 9 Unidades que eran más curiosas, para preguntarle a la Unidad viajera más detalles. Después de mucho hablar, la Unidad viajera convenció a las otras 9, se montaron unas encima de las otras, ¡Y SE CONVIRTIERON EN UNA DECENA!, entonces comenzaron a gritar y a dar saltos. Tanto saltaron que casi se caen.

Después de serenarse, decidieron ir a la ciudad de las torres para hablar con otras Decenas. Con mucho cuidadito para no caerse, emprendieron el viaje.

En cuando llegaron a la ciudad de las torres comenzaron a hablar con otras Decenas. Pasaron varios días en la ciudad de las torres, cuando a la nueva Decena se le ocurrió que podía visitar la tercera ciudad del país, esa que llamaban ciudad de las paredes. La verdad es que era un nombre muy extraño y querían saber el por qué de ese nombre.

A la mañana siguiente, se despidieron de las demás Decenas y se encaminaron hacia la ciudad de las paredes. Después de mucho andar, porque esa ciudad quedaba un poco lejos, llegaron. Se encontraron con montones de paredes como esta [Dibujarla en la pizarra a modo de Centena]. Se movían de un sitio a otro lentamente como si fueran dinosaurios. La Decena se acercó a una de ellas que parecía un poco enfadada y le dijo -¡Buenos días señora pared!- , la pared le respondió de muy malos modos – ¿qué quieres tú, finústico? Pareces un espagueti-. La Decena le respondió –bueno, bueno, tampoco se ponga así, que solo le he dicho buenos días, vaya humor que gasta-. Entonces se dirigió hacia ellos otra pared que parecía más simpática y les dijo –disculpadla, es que alguien le ha pintado algo en la espalda y está muy molesta. ¿Quién sois y de donde venís?.- Hola, encantado de conocerte, somos una Decena y venimos de la ciudad de las torres, ¿tú quién eres?.- La pared les respondió –soy una Centena- [Ponerlo en el dibujo de la pizarra]. La Decena, sin poder contener su curiosidad le preguntó -¿y cómo es que sois tan grandes?- La Centena le respondió –pues bien sencillo, nosotros antes también vivíamos en la ciudad de las torres, pero un día decidimos juntarnos, y como según las leyes de este país, para juntarse hacen falta 10, buscamos a 10 Decenas que se quisieran unir, nos juntamos  unas a otras y formamos una pared, es decir, una Centena. Como en la ciudad de las torres no cabíamos porque éramos más grandes que las Decenas, decidimos irnos lejos y fundar nuestra propia ciudad, la ciudad de las paredes.-

La Decena se quedó muy contenta con la explicación porque la había entendido, y se quedaron unos días a vivir con las Centenas. Después, decidieron hacer una fiesta en un gran descampado para que tanto las Unidades, como las Decenas y Centenas, se conocieran mejor. Desde entonces todos son amigos. Colorín colorado este cuento se ha acabado… por ahora.

Segunda historia

EN EL PAÍS DEL 10 (I)

Si os acordáis, habíamos dejado a las Unidades, Decenas y Centenas en una gran fiesta. Todas se conocían y ya no tenían miedo las unas de las otras.

Un día estaban juntas una Unidad, una Decena y una Centena [Pintarlas de nuevo en la pizarra]. Estaban discutiendo sobre el tamaño del País del 10. La Unidad creía que no debía ser muy grande porque en él solo había 3 ciudades. Sin embargo, la Centena creía que debía de ser más grande de lo que aparentaba. Estaban discutiendo la Centena y la Unidad, cuando a la Decena se le ocurrió una idea. –¿Y por qué no exploramos más allá de las 3 ciudades que conocemos?- dijo la Decena. La Centena y la Unidad se miraron sorprendidas y convinieron en que era una buena idea. Esa noche lo prepararon todo para irse de viaje.

A la mañana siguiente echaron a andar. Llevaban andando varias horas cuando pararon a descansar. La Decena dijo –parece que nos cuesta encontrar una ciudad nueva, a lo mejor es que no la hay-. La Centena respondió –tengamos paciencia, veamos qué es lo que hay detrás de esas montañas-. Subieron con gran trabajo la empinada montaña y cuando llegaron a la cima vieron un espectáculo inimaginable. Al otro lado de la montaña y a sus pies, había una ciudad gigantesca. Por ella circulaban unos grandes bloques. [Dibujarlos a partir de una Centena] Los gigantescos bloques se movían despacio pero sin dificultad, porque flotaban en el aire, como a unos diez centímetros del suelo. La Unidad la Decena y la Centena, se miraron unas a otras un poco asustadas. -¿Qué hacemos ahora?- dijo la Unidad, que era la más asustada de las tres. –Pues ya que estamos aquí, habrá que bajar a investigar, y de paso a conocer a esos bloques- dijo la Centena.

Bajaron la montaña y llegaron a la ciudad. Se acercaron a uno de los grandes bloques y le dijeron: -Buenos días, venimos de muy lejos, ¿qué ciudad es esta?-. El bloque dio tres vueltas lentamente en el aire, luego se paró y dijo con una voz muy fuerte –esta es la ciudad de los cubos, porque tenemos forma de cubo-. Entonces la Unidad, escondida detrás de la Decena dijo –sí, tienen forma de cubo, pero, ¿qué son?-. El gigantesco cubo dio tres vueltas a la derecha, frenó en seco y dijo –somos Unidades de Millar- [Ponerlo en el dibujo de la pizarra]. Entonces la Centena dijo -¿y por qué son tan grandes?-. Entonces la Unidad de Millar se alejó. La Unidad, la Decena y la Centena creyeron que habían dicho algo que había molestado mucho a la Unidad de Millar, y cuando estaban a punto de irse, vieron que la Unidad de Millar se acercaba de nuevo. Al llegar junto a ellos les dijo –perdonad que me haya ido sin deciros nada, pero es que, antes de contaros nuestra historia, tenía que pedir permiso al resto de Unidades de Millar.- La Centena dijo –disculpas aceptadas, pero cuéntanos la historia-. Entonces la Unidad de Millar dijo –Resulta que antes éramos Centenas como tú, pero un día hizo tanto frío, que para calentarnos mejor decidimos juntarnos, y como según las leyes de este país, para juntarse hacen falta diez, nos juntamos diez Centenas, y formamos una Unidad de Millar. Luego vimos que así estábamos muy a gusto, y no nos volvimos a separar.- La Centena dijo –Aaaah claro, ya lo entiendo.

La Unidad de Millar les invitó a conocer a algunas de sus compañeras, y todas ellas se mostraban muy interesadas por conocer a los forasteros, es decir, la Unidad, la Decena y la Centena. Querían saber cómo eran sus ciudades de origen, cómo se desplazaban allí y por qué habían emprendido ese viaje. La Unidad, la Decena y la Centena explicaron que querían ver otras ciudades del país del 10. Al oír esto, una Unidad de Millar, se acercó y les dijo que era una aventurera, y que le gustaría acompañarles en su viaje. Ellas aceptaron.

A la mañana siguiente salieron en busca de nuevas ciudades. Caminaron por praderas, cruzaron ríos, y cuando se cansaban, se subían encima de la Unidad de Millar que las llevaba flotando a cualquier parte.

En el segundo día de viaje se encontraron con una enorme montaña. Parecía imposible escalarla. La Unidad, la Decena y la Centena decían -¡madre mía! Nos va a costar un montón subir esta montaña, pero tú, Unidad de Millar, no vas a poder subir, porque tú solo flotas en llano, si intentas subir te vas a resbalar y te vas  caer.- Entonces la Unidad de Millar dijo –no hay problema, aparte de flotar sé hacer otras cosas, también puedo dar volteretas, de esa manera también podré subir la montaña.- Entonces sus compañeras gritaron -¡estupendooo!-.

Comenzaron a subir la montaña, y cuanto más arriba estaban más frío hacía. Después de tres día consiguieron llegar a la cima, pero, aún estando en lo alto de la montaña, no conseguían ver nada porque había una espesa niebla. Todos acordaron esperar a que la niebla se retirase. Se fueron a dormir y esperaron al día siguiente.

A la mañana siguiente, la primera que se despertó fue la Decena. Lentamente abrió los ojos, se desperezó, se frotó los ojos, miró atentamente lo que había al otro lado de la montaña, ¡Y NO SE LO PODÍA CREER!. Se frotó de nuevo los ojos, se pellizcó tres veces por si fuera un sueño, volvió a mirar y nada había cambiado. Entonces empezó a despertar a sus compañeros como una loca. Cuando todos despertaron, se pusieron de pie y miraron boquiabiertos. Al pie de la montaña había una inmensa ciudad, tan grande era que no se veía su final. Esa ciudad estaba llena de una especie de rascacielos tan grandes, que llegaban hasta media montaña de altura. [Dibujarlos a partir de una Unidad de Millar, aunque no quepa en el encerado no importa, explicarle a los alumnos que tiene diez alturas, que se las imaginen].

Unos se miraron a otros y se dijeron -¿qué hacemos?. Después de pensarlo un poco decidieron visitar la ciudad, total, ya que estaban allí y les había costado tanto subir la montaña, no se iban a ir de vacío.

Para bajar la montaña rápidamente usaron un método muy divertido. Tanto la Unidad como la Decena y la Centena se subieron encima de la Unidad de Millar, entonces esta se puso a flotar y se deslizó ladera abajo a gran velocidad, mientras sorteaba los árboles y las piedras más grandes. Fue una bajada muy emocionante en la que todos gritaron muy fuerte y se lo pasaron muy bien.

Cuando ya estaban llegando al pie de la montaña, se acordaron de una cosa, ¡NO SABÍAN CÓMO FRENAR!. Claro, la Unidad de Millar estaba acostumbrada a flotar en un plano, y así no se coge mucha velocidad, pero bajando una montaña, la velocidad que se coge es tremenda. En fin, ya no había remedio. Salieron de la ladera de la montaña disparados a gran velocidad, y así entraron en la ciudad cruzando sus calles hasta que se empotraron contra uno de los rascacielos. El golpe fue tremendo pero no les pasó nada, solo un poco de dolor de cabeza.

Aún estaban en el suelo dando gracias por haberse salvado, cuando una voz que venía del cielo les dijo –quien se atreve a molestar a estas horas de la mañana- . La Unidad de Millar dijo tímidamente –perdónenos usted, pero ha sido un accidente, ¿dónde nos encontramos?-. La voz que venía del cielo respondió –esta es la ciudad de los cielos, se llama así porque todos los edificios llegan casi  hasta el cielo.- Entonces la centena preguntó –pero ustedes ¿qué es lo que son?.- Otra voz distinta, pero que también venía del cielo les dijo –somos Decenas de Millar- [Poner el nombre en el dibujo de la pizarra]. La Unidad, que estaba temblando de miedo ante semejantes monstruos dijo -¿y por qué son tan grandes, quiénes las construyeron?.- La voz de antes les respondió –a nosotros no nos ha construido nadie, nos hemos construido nosotras mismas. Un día llegamos hasta este valle montones y montones de Unidades de Millar, nos habíamos perdido y no encontrábamos el camino a casa. Como la montaña estaba delante no podíamos ver nada, así que decidimos buscar la manera de ser más altas y se nos ocurrió juntarnos, y como según las leyes de este país, para juntarse hacen falta 10, nos juntamos 10 Unidades de Millar, fuimos botando en el suelo hasta que nos subimos unas encima de las otras, nos costó mucho trabajo pero lo conseguimos. Después de todo ese trabajo, comprobamos que la montaña era demasiado alta para ver detrás de ella, y como teníamos miedo de caernos si nos movíamos, decidimos quedarnos como estamos. Esa es la historia-.

La Unidad, la Decena, la Centena y la Unidad de Millar, decidieron quedarse algún tiempo allí para saber más cosas de esa inmensa ciudad.

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Published in: on 12 octubre 2009 at 11:36 am  Comentarios (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. me ayudo este cuento, graciassssss

  2. es muchaz letras pero eso no importa me gustoooooooooooooooooo mucho

  3. Muy bueno , gracias el cuento es de mucha utilidad, felicidadaez a quien lo escribio.

    • Muchas gracias. Me alegro de que te haya servido.

  4. no es lo que busco


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